(paréntesis uno)

¿Somos lo que echamos de menos?
Me echo de menos.

Hoy no voy a salir en las noticias; mañana, tampoco. Ahora es demasiado temprano para ir a dormir, y los finales no existen porque nunca sabemos si son realmente o no finales. Yo quemaría los rastrojos de tu corazón a expensas de la multa y dinamitaría las ruinas del refugio usando pestañas y fuegos artificales. Yo robaría el corazón a un robot y volaría esta casa por los aires a pesar de que tú ni siquiera recordarías mi nombre si me conocieras.
Mi hogar es la metáfora.
No puedes hacer apuestas cuando las cuerdas de una guitarra se te presentan como las vías de diferentes trenes. No consiste en qué camino debes elegir, tampoco en cuál te gustaría escoger, muchísimo menos en aquél por el que terminarás optando. Usa la radio, sólo tienes que ponerla en silencio. El humo de las chimeneas inventará nuevos inquilinos para la gama de colores cálidos.


Los libros de texto ya no están ilustrados y nos mienten diciéndonos que tanto las mariposas como los pájaros vuelan en aire contaminado sin a penas darse cuenta. Dime entonces por qué mueren, por qué morimos.
Os he visto daros la mano, daros los anillos, daros las gracias, daros la vida. Os he visto envejecer, os he visto ser jóvenes por siempre. Os he visto hundiros, os he visto flotar. Os he visto rezar, disparar, asaltar, invadir, tirar bombas, alzar banderas y escupir sobre otras. Os he visto matar para vender flores. He visto el amor en todas las esquinas de este mundo redondo; imperceptible, casi invisible cuando no quiere ser visto. He visto el amor en todas las esquinas del mundo.
Y ya no sé si el que miente es el amor o son los enamorados.